El origen del Universo: la teoría del Big Bang
La teoría más aceptada hasta este momento sobre el origen del Universo, es la teoría del Big Bang, o de la gran explosión. Se supone que, antes del comienzo de los tiempos, solamente existía un punto dentro del cual se condensaba toda la materia y la energía que constituyen hoy el Universo conocido, pero solamente en forma de energía purísima.
Antes de continuar con la lectura del texto, haz un pequeño ejercicio mental: cierra los ojos e imagina ese primerísimo momento, antes de antes de antes de que existiera nada… no existía el espacio ni existía el tiempo, porque no había ningún punto de referencia, y no existía la materia, es decir, no existía absolutamente NADA. Ni la Tierra, ni el sol, ni las estrellas, ni el espacio intergaláctico...¡¡¡ni tampoco alguien que lo viera!!!
De acuerdo con esta teoría, en ese punto de altísima concentración de energía se produjo una explosión, cuya expansión fue transformando la energía en materia. (Las fórmulas desarrolladas por el científico, físico y matemático Albert Einstein, han demostrado que la energía y la materia pueden intercambiarse, siendo estos descubrimientos los que han permitido el desarrollo de toda la tecnología nuclear existente).
Esta gran explosión se produjo en una fracción de segundo, un tiempo infinitamente pequeño, generando partículas muy pero muy pequeñitas, las cuales forman los átomos actuales: protones, que son partículas con masa y carga positiva; neutrones, que solamente tienen masa, y electrones, que tienen una masa mil veces más pequeña que los anteriores, pero tienen carga negativa. Existen además, más de cien partículas diferentes, que los científicos han logrado identificar, pero cuya existencia es tan efímera que aparecen y desaparecen en una fracción de segundo. Se estima que esto ocurrió hace unos 13.500 millones de años (13.500.000.000 ma.).
Estas partículas, a medida que la explosión produjo la expansión de la energía y su transformación en materia, también se iban enfriando, y comenzaron a unirse en función de sus cargas eléctricas. Los protones se unieron a los electrones, positivos y negativos respectivamente, formando los primeros átomos, que en un espacio de alta concentración y altísima energía, se aglomeraron para formar grandes nubes de partículas y átomos, como ya sabes, de hidrógeno y de helio, los elementos más chiquitos que existen, con un protón y un electrón los de hidrógeno, y con dos y dos los de helio.
Grandes nubes de estos elementos, girando y girando en el espacio recién estrenado, se amontonaron en esferas gigantes, dentro de las cuales su alta energía de choque los iba transformando en átomos más grandes, puesto que los violentos choques hacían que se unieran sus núcleos (de protones y neutrones), en lo que hoy conocemos como fusión nuclear. Este tipo de reacciones nucleares se sigue produciendo actualmente, dentro de todas las estrellas, y producen una cantidad enorme de energía. El lugar más cercano en el cual se produce fusión nuclear, es nuestro Sol, y la energía producida por estas reacciones es la que le da energía a la Tierra para producir todo tipo de vida.
Algunas (muchas) de estas estrellas, luego de un larguísimo periodo de tiempo, transforman toda su materia de pequeños átomos en átomos mayores, es decir, se acaba su “combustible”, y liberan al espacio todo su contenido, formando lo que se denomina nebulosas. En estas nebulosas los átomos comienzan a sufrir el efecto de otro tipo de fuerzas: aunque ya no se van a unir de forma explosiva, como en las reacciones de fusión, experimentan fuerzas de atracción como la de la gravedad (que hace que dos partículas se atraigan, con mayor fuerza a medida que aumenta su masa, por eso nos atrae la Tierra), y fuerzas generadas por el movimiento de esas partículas en el espacio, que los científicos llaman fuerzas de acreción, producidas por la rotación. Estas dos fuerzas, dispuestas sobre la nube gigantesca de átomos, produce aglomeraciones que se van acrecentando, van creciendo, hasta que finalmente se forman los planetas.
Uno de esos millones y millones de planetas, es el nuestro, la Tierra, cuya edad está calculada aproximadamente en 4.600 a 5.000 millones de años. Ese origen, de materia incandescente, creó un planeta muy caliente, cuyos materiales estaban en estado líquido, y posteriormente se fue enfriando y condensando, hasta tomar la forma que hoy conocemos.
Si bien uno podría pensar que esta teoría se trata de puras especulaciones, en realidad existen numerosas experiencias científicas y cálculos sofisticados, cuyos resultados coinciden con la hipótesis planteada, y se cuenta con mediciones de distinto tipo de ondas, que aún hoy se propagan en el espacio, cumpliendo con las predicciones.
Consignas:
2 - Luego de realizar la lectura del texto, marca las palabras que desconozcas y buscalas en un diccionario, y si no tienes ninguno a mano, buscalas en internet. Entre los significados que puedas encontrar, utiliza el sentido común, para definir cuál de todas las acepciones se adapta al texto. Escribe una lista de estas palabras y de su significado, es decir, un glosario.
3 – Marca las palabras clave, es decir, aquellas que definen el contenido, y mediante las cuales puedes volver a explicar el texto.
4 – Escribe una síntesis, es decir, un texto corto que explique lo que entendiste. (A diferencia de un resumen, en una síntesis no se copian frases textuales, si no que se explica con tus palabras la interpretación del texto).
5- Realiza un dibujo de acuerdo a lo que se presenta en tu mente luego de leer el texto.
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